Cap. 12 Navidad
-¡Levántate dormilona!- Le dijo Raúl, arrimando su boca a
la oreja de ella.
-¿Qué haces aquí?- pregunto ella adormilada.
-Yo también me alegro de verte- le dio un beso en la
frente- he venido a ayudar a tu madre y a tu hermana con el equipaje, he
pensado que no podrían ellas solas con todo.
-Muy considerado por tu parte- dijo ella incorporándose y
dirigiéndose al armario para cambiarse de ropa.
La madre de Tara y su hermana iban a irse una semana de
las dos que tenían de vacaciones de navidad a España, era el gran sueño de
Sara, en concreto, quería visitar Barcelona, la ciudad que mas curiosidad le
causaba de todo el mundo. Tomarían el avión a las doce y había muchas cosas que
hacer.
Tara y Raúl pensaban planear algo especial para aquellas
fechas pero al ver la oportunidad, Tara suplico para quedarse con él y al final
lo consiguió. Raúl y Tara tendrían toda la casa para ellos solos y también la
de él, ya que sus padres también estarían ausentes en navidad por asuntos de
trabajo.
-Raúl, ¿me ayudas con mis maletas?- le pregunto Sara
tirando tímidamente de su suéter.
Aquella pequeña niña era sorprendentemente una copia
exacta de Tara, pero unos cuantos años más pequeña. Aquella pequeñaja siempre
conseguía hacerle sonreír y a Tara le encantaba ver a Raúl siendo tan tierno
con su hermana.
-Claro que si peque- dijo él.
-No soy pequeña-
protesto ella.
-Vale, lo siento, eres... casi mayor- rectifico él sacándole la lengua a la
pequeña.
Esta se dio media vuelta, dándole la espalda y se dirigió
a su habitación esperando que Raúl la siguiera y, así lo hizo.
-¿Puedes con eso?- pregunto Raúl a la niña, viendo que
intentaba levantar una maleta casi más grande que ella.
-Sí, no me ayudes- dijo y al fin la levanto del suelo y
dando pequeños tumbos, salió de la habitación.
‘’Son igual de cabezotas’’ pensó Raúl. Cogió el resto de maletas que quedaban en la habitación y las bajo abajo, para poder meterlas en el taxi. Se quedo más tranquilo al ver que Sara había llegado al coche con la maleta con ayuda de su madre y que no se había hecho daño.
Media
hora más tarde
-Bueno, Raúl, cuida bien de mi hija- les dijo Oihana desde la ventanilla del Taxi.
-No lo dude- aseguro él.
-No te preocupes mama, todo saldrá bien, disfrutad del
viaje- y se asomo por la ventanilla hacia el interior del vehículo para darles
un beso tanto a su madre como a su hermana.
-Nos vemos- fue lo último que escucharon cuando el coche
se puso en marcha camino al aeropuerto.
-Guapa, voy a mi casa para coger mis cosas y ahora vengo-
le dijo Raúl y dándole un beso se dirigió a su casa.
Mientras Raúl iba a por sus cosas, Tara entro en casa y
pensó que sería buena idea darle un aspecto navideño a la casa ya que
obviamente, estaban en navidad.
Subió al desván y saco todo lo que encontró: el árbol,
espumillón… y así la encontró Raúl, llena de espumillón, bajando las escaleras
sin apenas visibilidad.
-¿Qué haces?- Dijo él, parecía divertirse viéndola así.
-¿Tu qué crees?- levanto los brazos llenos de adornos-
venga ayúdame.
Raúl dejo su bolsa de deporte con sus cosas en la
habitación de Tara y bajo a ayudarle. Pusieron espumillón en la escalera,
pequeños peluches navideños y al final el árbol de navidad.
-Joe, no llego a poner la estrella- protesto Tara al ver
que el árbol era demasiado alto.
-Espera que te ayudo- dijo él, se acerco y le cogió en
brazos de tal forma que llego de sobra para colocar la
estrella.
-Muchas gracias- dijo ella aun en sus brazos.
-No hay de que peque- le dijo él y se empezó a reír al
ver que tuvo la misma reacción que su hermana pequeña.
-¡Bájame!- protesto ella y al ver que no la soltaba
empezó a patalear.
-No, ni hablar- dijo y empezó a dar vueltas con Tara en
brazos por todo el salón.
-¡Estás loco!- grito Tara.
-¡Lo sé!- le contesto y los dos se empezaron a reír.
Después de dar unas cuantas vueltas, se dejaron caer en
el sofá desde donde vieron como les había quedado el salón.
-Ha quedado bien, pero sobra esto- dijo Raúl señalando
una caja de luces de navidad.
-Ya sé lo que voy
a hacer con ellas- dijo Tara cogiéndolas y saliendo disparada escaleras arriba.
Tara fue a su habitación y Raúl llego unos minutos más
tarde. Estaba poniendo las luces de navidad en el cabezal de la cama.
-Apaga la luz por favor- le pidió y encendió las
lucecitas de navidad.
Raúl le hizo, se acerco a ella lentamente y se sentó en
la cama con ella.
-Queda muy bien- le dijo atrayéndola hacia el y
besándola.
Tanía ganas de hacerla suya para siempre, que no los
separara nada ni nadie pero sabía que no estaba lista. Sin ir demasiado lejos,
la tomo en brazos y la sentó en su regazo. La beso en la boca, en el cuello,
tenía ganas,
pero se contuvo.
A la
hora de cenar
Después de estar un rato en el cuarto de Tara, bajaron a
cenar.
-¿Qué te apetece cenar?- pregunto Tara.
-Me da igual, lo que tú quieras- dijo él.
Entraron en la cocina y Raúl se sentó en una silla de la
islita de la cocina y pregunto:
-¿Qué hago?
-Puedes ir picando esto- le dijo Tara, pasándole un taco
de jamón- vamos a hacer pizza casera.
Mientras Raúl troceaba los ingredientes, Tara fue
amasando la masa de la pizza y cuando todo estuvo listo, metieron la pizza al
horno y esperaron media hora.
-¡Qué hambre me está dando!- dijo Raúl observando la
pizza dentro de horno.
‘’Clic’’ se oyó de fondo, Raúl se giró y vio a Tara
riéndose con la cámara en la mano corriendo hacia el salón. Raúl salió
corriendo detrás de ella y cuando la alcanzó cayeron en la alfombra del centro
del salón, uno encima del otro.
-¡Esto no vale!- protesto ara, intentando alejarse para
poder escapar de las cosquillas que le hacía Raúl.
-Ríndete y borra esa foto
-Nunca- dijo ella y consiguió escaparse.
-Mira que eres…
-¡Lo sé!- dijo entre risas.
-Me parece mal- dijo él picado, y se sentó en el sofá.
-Venga no te piques- dijo ella acercándose por detrás y
abrazándolo.
-Puede.
Y en ese momento el horno indico que la pizza ya estaba
lista y Tara fue a la cocina para sacarla.
-Porfa… perdóname- dijo ella poniéndose en frente de él
con la pizza en las manos y un gorrito de navidad en la
cabeza.
-Está bien- dijo él quitándole la pizza de las manos y
dándole un beso.
Se sentaron en el sofá con un plato cada uno y se
terminaron la pizza. Después recogieron y fregaron todo entre los dos.
-¿Te apetece que nos pongamos los pijamas y veamos una
peli?-pregunto Tara.
-Me parece genial- dijo él.
Los dos subieron a la habitación de ella y Tara se cambió
antes que él y aprovechó para organizar el salón antes de que el bajara. Retiró
para atrás el sofá y colocó varias mantas y cojines sobre la alfombra, hizo
palomitas y saco todas las pelis que había descargado para poder verlas durante
la semana escogidas por los dos. A los
cinco minutos, Raúl bajo y se reunió con ella en las mantas del suelo.
-¿Qué quieres ver?
-Lo que tú quieras preciosa.
-¿La de 3MSC?- le señalo la película.
-Vale, pero con una condición- dijo él y al ver que Tara
levantaba una ceja para q continuara, así lo hizo- no
babees mucho con Mario
Casas.
Al ver a Raúl poniéndose celoso, Tara no pudo evitar
echarse ha reír.
-Tranquilo, no voy a babear- y para picarle añadió- solo
por esta vez, porque estas tu.
Y lo consiguió, Raúl se pico y se tumbo en el suelo
dándole la espalda.
-Me parece precioso…
-Venga guapo, no te piques- dijo ella, besándole en el
cuello- sabes perfectamente que es una broma.
-Vale pero… si me dejas escoger película
-Está bien- dijo ella aunque un poco dudosa- haber que
pones.
Escogió una se la colección de horror de Saw, sabía que a
Tara le daba mucho asco pero quería darle un pequeño escarmiento, aunque si
veía que se asustaba mucho, la quitaría.
A mitad de película, Tara no aguanto más, era muy
vulnerable con la sangre y se acurrucó bajo las mantas. Raúl, al verlo, cambio
de película y puso la de 3MSC, pero Tara permanecía bajo las mantas y Raúl se
metió bajo las mantas junto a ella. Se acerco lentamente a ella y la envolvió
con sus brazos y ella se acerco.
-Siento haberte asustado- se disculpó él, pensando que no
había sido tan buena idea.
-Ha sido una mala jugada, pero me lo merecía- dijo ella,
aun acurrucada.
-Te quiero preciosa.
-Yo también a ti- respondió ella y levantó la cabeza para
poder alcanzar a besarle, él la tomo de la cintura y se acercaron aun más.
Estuvieron así un buen rato y vieron la película hasta el final.
Decidieron dormir en el salón, acomodaron bien las mantas
y los cojines que tenían y se improvisaron una cama, por primera vez iban a
dormir juntos, y no iba a ser la última.
Día 2
Raúl estaba medio dormido y no distinguía muy bien las
cosas pero si sentía que tenía la cara fresquita y entonces se dio cuenta de lo
que pasaba y se despertó de golpe, entonces sí pudo ver lo que pasaba, en
frente suyo estaba Tara con un bote de nata en las manos y riéndose a
carcajadas a más no poder, se tocó la cara y la tenia cubierta de nata.
-Te vas a enterar- dijo por lo bajo para que Tara no lo
oyera bien, entonces la pillo desprevenida y le lleno toda la cara de nata. Eso
solo podía terminar de una forma, con una pelea entre los dos y el bote de
nata.
-Creo que de deberíamos bañarnos- dijo Tara viendo como
estaban impregnados los dos de nata de los pies a la cabeza.
-Buena idea- dijo él.
-En el baño de mi madre hay jacuzzi su quieres lo
probamos- dijo ella pero se le notaba que el concepto de estar los dos desnudos
le causaba cierta inseguridad.
-Suena genial- dijo él, aunque estaba preocupado por
ella- ¿estás segura?
-Sí, tranquilo- afirmo ella- voy a prepara el agua y
cuando esté te aviso.
Tara subió escalera arriba bastante pensativa, dándole
vueltas todo el rato a lo mismo. Raúl decidió dejarla un rato sola para que
pensara.
Tara dejo correr el agua para que se fuese llenando y de
mientras se desnudó y se enrosco una toalla a la altura del pecho cubriendo así
todas sus inseguridades. Sabía que esta semana seria un cambio muy grande en su
relación con Raúl pero aun se le hacía extraño.
-El agua ya esta- grito Tara encendiendo la música y
metiéndose al agua.
A los pocos minutos llego Raúl solo cubierto por unos
bóxers negros, cosa que hizo que Tara se sintiera más nerviosa, pero a él no le
parecía importarle ser observado por ella. Para la sorpresa de Tara, Raúl se
metió con los bóxers puestos.
-Tranquila- dijo él sentándose a su lado- no tengas
miedo.
Raúl la beso para tranquilizarla y la sentó en su regazo
para tenerla más próxima.
-Raúl- la detuvo ella- tengo miedo, prefiero decírtelo,
tengo miedo de no saber actuar y no sé qué hacer porque soy…
-Lo sé- la interrumpió y la siguió besando- tranquila, no
tengas miedo, confía en mí.
Tara, entonces se sentó a su lado y Raúl se quito los
bóxers, en algunas ocasiones lo notó, pero no fueron más lejos. Raúl quería que
se tranquilizara y que viera que no iba a hacerle daño ni que iba a hacer algo
que ella no quisiera.
Se quedaron media hora más en el agua y después bajaron a
desayunar.
-Déjame preparar a mí el desayuno, guapa
-Bueno, si quieres- dijo ella- aprovechare para leer un
poco.
Y dicho esto Tara se fue al salón a leer mientras Raúl
trasteaba en la cocina. Cuando Raúl termino, fue al salón y allí estaba ella,
tumbada en el sofá, con las piernas en el respaldo y leyendo el libro de El diario rojo de Carlota. Eso hizo que
Raúl sonriera, conocía el libro y que tema trataba.
-Ya está el desayuno
-Ya voy- le contestó, leyó dos minutos más y después se
dirigió a la cocina para reunirse con él.
Aquello era increíble, había hecho tortitas, zumo de
naranja, tostadas con mantequilla y mermelada, tazones con leche…
-Que pasada- dijo Tara sorprendida.
-Te lo mereces- le dijo él y le dio un beso muy dulce,
tenia mermelada en los labios.
Disfrutaron del desayuno y durante el día aprovecharon
para hacer repostería entre los dos, Raúl sabía muy bien cocinar y según le
explico, era porque cuando era pequeño su madre le enseño mucho, ahora apenas
tenía tiempo de estar con ella por motivos de trabajo.
Después de cenar, decidieron dormir en la habitación de
Tara, pero antes, hablaron durante horas sentados en su sofá-ventana.
Día 3
-Raúl, ¡despierta!- grito Tara, despertándolo- ¡Esta
nevando!
Raúl se levanto sobresaltado y se acercó a la ventana
desde donde Tara estaba mirando la nieve, al parecer, había estado nevando toda
la noche, ya que todo estaba blanco.
-¿Estas pensando lo mismo que yo?- pregunto Raúl y al ver
que Tara asentía, los dos fueron corriendo a cambiarse de ropa para salir a la
calle a disfrutar de la nieve. Cuando estuvieron listos, bajaron al jardín.
-Tara no te parece pre…- no pudo terminar la frase porque
Tara le lanzo una bola de nieve- te la vas a cargar.
Tara intento escapar pero no fue suficiente, Raúl la
alcanzó con una bola de nieve y para que no la alcanzara más veces se agacho
detrás de un arbusto mientras hacia otra bola y se la tiró. Siguieron peleando
con la nieve e hicieron un muñeco de nieve del tamaño de Sara y al coronaron
así, con gorrito de nieve y todo.
-Que hambre tengo- protesto Raúl y le dio un mordisco a
una bola de nieve- algo, es algo.
-No seas bobo- dijo Tara y lo arrastro al interior de la
casa.
Entraron en la casa y en la entrada se quitaron las botas
y se sacudieron la nieve que tenían en la ropa.
-Voy a dejar los abrigos en el ropero, si quieres vete
sacando los tazones para desayunar- dijo Raúl.
-Vale- dijo Tara, la entrego el abrigo y se dirigió a la
cocina.
Tara saco todo lo imprescindible para preparar un buen
desayuno: huevos, leche, galletas… Y espero a que Raúl entrara en al cocina.
-¿Podrías hacer esas alucinantes tortitas que hiciste
ayer?- le pregunto cuando entro en la cocina.
-Claro que sí, ya veo que está todo listo para empezar-
dijo el cogiendo un bol y preparando la masa para
comenzar a cocinar, de
mientras, Tara se sentó en la islita para observarlo, le encantaba verlo tan
concentrado.
-Aquí tienes guapa- le dijo Raúl poniéndole un plato con
tortitas delante.
-Muchas gracias- dijo ella y mordió un cacho- estas
esplendidas.
-Haber, déjame probar- dijo él acercándose y Tara le
ofreció un cacho con el tenedor, pero él lo esquivó y le dio un beso de tornillo
que la dejo sin aliento- tienes razón, están muy ricas.
-¿Me enseñas como hacerlas?- pregunto Tara.
-Claro, ven- le dijo Raúl señalándole el sitio donde
estaba él- coge el bol y vierte un poco encima de la plancha, extiende la masa
con la espátula, espera un poco y dale la vuelta.
Tara hizo paso a paso todo lo que Raúl le dijo y lo que
consiguió fue una tortita amorfa pero igual de rica que la de él.
-Soy un desastre- dijo ella- pero al menos es comestible.
-Tranquila, no esta tan mal para ser la primera vez, la
práctica lo mejora todo- le dijo él para tranquilizarla y le dio
un besito en
la frente.
Cuando terminaron todo, recogieron y limpiaron la cocina.
-¿Qué te apetece hacer?- preguntó Raúl.
-Mmm… estos días en el centro han montado una enorme pista
de patinaje ¿te apetece ir?- respondió ella.
-Yo… no se patinar demasiado bien- dijo él algo inseguro.
-Tranquilo, en esto si te puedo ayudar yo- dijo ella
dirigiéndose al guardarropa de la entrada y sacando un par de patines hockey
sobre hielo.
-Que peligro tienes- dijo él entre risas.
-Eso ya lo veremos- y añadió- ¿quieres ir o no?
-Vale, estará bien la experiencia.
Ambos prepararon lo necesario para ir y se dirigieron a
la boca del metro para dirigirse al centro.
Media
hora más tarde, ya en la pista
-Venga Raúl, no tengas miedo- lo animó Tara.
-Sin prisa, soy lento- anunció él y entro torpemente en
la pista, pero en un segundo como por arte de magia,
Raúl empezó a corretear
por toda la pista con mucha agilidad.
-Me parece precioso… me has engañado, sabes patinar y muy
bien además- protesto ella cuando lo alcanzo.
-Soy de Londres, aquí todos los años nieva y tenemos
oportunidad de patinar asique sí, se patinar, siento haberte engañado, pero así
resultaba más interesante- admitió el- y veo que tu también sabes patinar muy
bien.
-Sí, hice hockey sobre hielo durante un año antes de
mudarnos aquí-explico
-Con que hockey e... ya decía yo que no te veía yo mucho
de patinaje artístico.
-¿Cómo que no? Mira- dijo ella y comenzó a dar vueltas
sobre su propio eje muy rápido.
-Muy bien- la aplaudió Raúl- creía que era imposible
hacer eso con los patines de hockey.
-Pues no, ya ves que para mí no hay nada imposible, lo
conseguí después de unos cuantos culazos- dijo ella y
los dos de echaron a
reis.
Pasaron el resto de la mañana en la pista, comieron en el
centro y a la tarde fueron a dar una vuelta por el centro. Aunque Tara se mudó
allí con su madre y su hermana hace poco, no había estado por las calles del
centro y de alguna forma, Raúl le hizo una pequeña guía turística.
-Aun no me creo que no habías visitado el centro antes
que conmigo- le confesó Raúl e el camino de vuelta en el metro.
-Pues sí, hay una primera vez para todo- dijo ella y la
mirada que le dirigió Raúl la hizo estallar en una carcajada, ambos pensaban en
lo mismo.
Llegaron sobre las nueve a casa de Tara, ya era un poco
tarde asique, cenaron y se fueron a la cama.
-¿Te apetece que encienda las lucecitas? Es que me hace
un poco de ilusión- dijo ella vergonzosa.
-Claro, será interesante- dijo el cogiéndola entre sus
brazos y llevándola a la cama entre risas.
-Tenemos dos días antes de que vuelvan mi madre y mi
hermana- dijo Tara un poco desilusionada.
-Lo sé pero… los aprovecharemos bien
Y tras decir eso, los dos se durmieron enseguida a causa
del cansancio de aquel día tan agotador.
Día 4
El olor a tortitas lo despertó, estaba solo en la habitación de Tara y ella no andaba por ninguna parte, la puerta estaba cerrada y el pijama de ella doblado delicadamente sobre la silla del escritorio, estaba preparando el desayuno. Raúl se levanto, se cambió de ropa y bajo a la cocina. Allí estaba ella con un plato de tortitas en la mano y una sonrisa muy amplia surcándole la cara.
-Buenos días dormilón.
-Buenos días preciosa, veo que ya has pillado el truco-
dijo observando el montón de tortitas que le había
preparado.
-Me ha costado un poco, pero al final he conseguido
hacerlas más o menos aceptables, espero que sean aceptables.
-Están ricos- dijo Raúl después de darle un mordisco.
-¿Sabes qué? Hoy nos tendremos que quedar en casa- y
antes de que Raúl pudiese preguntar por qué, se
acerco a la ventana y abrió la
persiana para dejarle ver el mal tiempo que hacía fuera.
-Qué asco de tiempo, bueno, por lo menos estaré contigo-
le dijo él rodeándole la cintura por la espalda y se besaron.
Después de disfrutar de las deliciosas tortitas de Tara,
se fueron al salón. Pusieron música, Tara se sentó en el sofá y Raúl se tumbo a
su lado apoyando la cabeza en su regazo. Raúl cantaba las canciones que iban
pasando mientras Tara le hacía cosquillas en la cara con una pluma que se había
desprendido del edredón sobre el que estaban sentados.
-Me voy a por un jersey que hace un poco de frío- dijo
Tara.
-Vale, ¿enciendo la calefacción para que se caliente la
casa para después?
-Vale, así no pasaremos frio.
Tara subió a su cuarto a por un jersey y cuando estaba
rebuscando en el armario algo q ponerse, oyó q Raúl entraba en su cuarto y
apagaba la luz sin decir ni una palabra. Raúl se acercó lentamente a Tara y ella, cuidadosamente, cerró las puertas
del armario sin apenas hacer ruido para no romper la armonía del momento. Ella
siguió de espaldas a él, hasta que él le dio la vuelta lentamente.
-¿Estás segura?- le susurro Raúl mientras le quitaba la
camiseta ya le bajaba las tiras del sujetador por los hombros.
-Si… pero… tengo miedo- contesto ella en el mismo tono de
voz que él.
-Tranquila, confía en mí- susurro él y la condujo poco a
poco a la cama.
La tumbó bocarriba con mucho cuidado y le quito con
delicadeza los pantalones y luego se los quito él. La beso antes de seguir para
que se tranquilizara y después se desprendieron de la ropa interior. Antes de
dar un paso más, Raúl alcanzó su cartera y saco lo indispensable para continuar.
Una
hora más tarde
-¿Cómo estás?- le preguntó Raúl.
-No sé, estoy un poco aturdida- contesto ella un poco avergonzada-
¿He estado muy mal?
-No digas tonterías, has estado muy bien pero, es como
hacer tortitas…
-Con la práctica se mejora- termino Tara la frase y los
dos se echaron a reír.
-¿Tienes hambre?
-Pues la verdad, un poco.
-El sexo da hambre- y volvieron a estallar en una
carcajada.
-¿Qué quieres para comer?
-A ti bombón- contestó el mordiéndole levemente el labio
inferior.
-No seas tonto, ahora en serio, ¿Qué quieres?- insistió Tara.
-Tranquila, ya cocino yo, tú quédate aquí y no te muevas,
te traigo la comida- dijo él y sin dejarle tiempo para rechistar, alcanzó sus bóxers
se los puso y salió por la puerta.
Tenía que admitir que aquella primera experiencia había sido
increíble, Raúl había sido especialmente cuidadoso con ella y no le hizo a
penas daño. Le gustaba mucho y sintió que aquel acontecimiento los unió aun más.
De repente comenzó a sonar el teléfono de Tara y era un
número que ella no había visto jamás.
-¿Si?- contesto con intriga de saber quien se encontraría
en el otro lado de la línea.
-¡Hermanita!- grito Sara al otro lado de la línea- ¿Qué tal
todo? ¿se a portado bien Raúl contigo?...
De fondo se oyó como Oihana interrumpía a la pequeña para
que la dejara hablar con Tara.
-Hola cariño, no tenemos mucho tiempo, disponemos de
quince minutos para hablar, es el teléfono del hotel y las llamas de larga
distancia resultan ser muy caras- explico su madre-¿Cómo va todo? ¿Os habéis reglado
bien? ¿Te ha cuidado bien Raúl?
-Tranquila mama, todo está perfecto por aquí, y sí, Raúl
me a cuidado muy bien, no te preocupes- y antes de que se agotara el tiempo
pregunto- ¿Cuándo volvéis?
-Mañana a la mañana tomaremos el avión de vuelta y si no
hay ningún problema, estaremos allí para la hora de comer- y para terminar
dijo- bueno cariño te dejo dos minutos hablar con tu hermana que loe está
deseando, nos vemos mañana, te quiero.
-Yo también a ti mama- se despidió de su madre y comenzó a
charlar con su hermana.
A sí la vio Raúl al entrar en su habitación con la
comida: semidesnuda, solo cubierta con la ropa interior y con el teléfono en la
mano riéndose a carcajadas hablando, al parecer, con su hermana, por la forma
que sonreír que tenía, solo lo hacía así con ella.
-Que bien huele eso- dijo Tara al colgar el teléfono y
mirar hacia donde estaba él.
Comieron la deliciosa comida que preparó Raúl y se quedaron
en la habitación de Tara durante toda la tarde, mirando el mural, escuchando música
y muchas otras cosas. Bajaron para la hora de cenar y esta vez, cocinó Tara,
preparo unos deliciosos platos de pasta y vieron una peli, disfrutando de las
pocas horas que les quedaban juntos.
Ultimo día
Raúl y Tara se despertaron temprano, con la luz del sol,
que asomaba después del mal tiempo que los acompaño ayer. Desayunaron por última
vez las magnificas tortitas que le enseño a cocinar Raúl y aguardaron en el
salón hasta que la madre y la hermana de Tara llegaran. La espera no fue
demasiado larga, ya que lo dos estaban bastante aturdidos por lo ocurrido ayer
en la habitación de ella.
Oyeron llegar el taxi que traían a Oihana y Sara y fueron
velozmente a la entrada para ayudarlas a meter las maletas se prepararon para
soportar un bombardeo constante de preguntas.
Cuando metieron todo en casa y organizaron todo el
equipaje, llego la hora de que Raúl volviese a su casa y Tara lo ayudó a la
puerta.
-Estos días han sido geniales- le dijo ella en la puerta
de su casa.
-Lo sé, y no van a ser los últimos días geniales que
pasaremos- dijo el guiñándole un ojo y dándole uno de los mejores besos que habían
experimentado, lleno de amor y sentimientos acumulados.
-¿Ahora hablamos a trabes de la ventana no?
-Claro que sí, hasta ahora- le dio un beso de despedida y
se fue andado camino a casa.
Tara lo observó hasta que entro en su casa y después fue
directa a su habitación donde encontró lo bóxers negros que llevaba ayer a la
tarde puestos, sobre la cama.
-¿Qué es esto?- le pregunto Tara en cuanto vio que Raúl
abría la ventana de su habitación.
-Un pequeño recuerdo de ayer.
-Pues… gracias- y se echaron los dos a reír- bueno mejor
voy con mi madre y con Sara para ayudarlas con la
comida y para hablar de estos
últimos días.
-Claro, mañana si quieres podemos salir a algún sitio,
tenemos todavía una semana antes de volver al instituto- propuso él.
-Claro, me parece genial- le contestó.
Se despidieron y no toda la tarde no se volvieron a ver.
A la noche, Tara estaba sentada en su sofá-ventana leyendo y sabía que él la observaba
desde la penumbra pero lo único que escuchaba desde la penumbra de su cuarto
era un ligero puntillero de una guitarra eléctrica y una leve canción a penas
era descifrable pero parecía muy triste…
Guaauuuuuuuuu! Menos las faltas de ortografia que hay (te faltan bastantes acentos) está bastante bien, sigue así!! Brsos, Laura.
ResponderEliminarJajajajaja is, hay que admitirlo, no soy especialmente una experta en ortografía, pero que agradezco tu opinión y gracias por leer mi novela.
ResponderEliminarBesoss, Rima :)
Yo también estoy escribiendo, pero en mi blog solo publico cosas de todo, estoy pensandome el ir publicando el libro.. Me lo tengo que pensar, mientras tanto.. ¿te pasas por mi blog?
ResponderEliminarsolonecesito1minuto.blogspot.com.es
Besos, Laura